lunes, 15 de enero de 2018

Lo Cortés no quita lo cobarde

PUEDES LEER MI COLUMNA EN CIBER-CUBA EN ESTE ENLACE:



Cortés, pero cobarde: el flautista y las ratas
Orlando Luis Pardo Lazo


A José Luis Cortés, El Tosco, un genio de la música cubana y mundial, el Estado totalitario cubano le acaba de conceder lo que durante años él estaba buscando, haciendo lobby y donando dólares entre el funcionarado del Ministerio de Cultura y, por supuesto, el Ministerio del Interior.

Aunque haya formalmente un jurado de corte intelectual, los Premios Nacionales de arte en Cuba son en realidad una manera de legitimar al gobierno militar. Los candidatos tienen que hacer un pacto secreto a perpetuidad con la jerarquía política de los Castros. De ahí que ni uno solo de los premiados haya hecho jamás declaraciones críticas a la tiranía cubana. Algunos con más obscenidad y otros con más cinismo, todos callan los crímenes y no denuncian la total falta de derecho de los cubanos.

Así, todos los Premiados Nacionales pactan, pues, para ser cómplices más o menos solapados de la Revolución, y acatan a priori el sambenito de convertirse ridículamente en sus ratas: es decir, en proselitistas hipócritas que no creen ni en ellos mismos, pero que están dispuestos a cualquier cosa con tal de ocupar una lápida en la historia de los premiados, además de embolsillarse la centena de pesos convertibles mensuales que paga secretamente este galardón estatal (y de los que nunca nadie en ninguna parte habla).

Es importante entonces, ya que estamos hablando de la memoria de la posteridad, que no olvidemos al menos a dos o tres miembros del jurado que recién “premió” al geniecillo terrible del Tosco en esta ocasión: el músico Adalberto Álvarez, la cantante Beatriz Márquez, y el compositor Juan Piñera (¡nada menos que un sobrino de Virgilio Piñera!). Y es muy importante apuntar estos nombres porque todos ellos, en su momento, fueron apartados arbitrariamente por la censura oficial, precisamente para disciplinarlos o adoctrinarlos en el know-how oficial, antes de perdonarlos y recuperarlos ya en la función de ratas. Es decir, ya convertidos en carne de jurado, en soldados de la cultura cubana, los tres capaces de negar tres veces sus propias biografías en tanto víctimas del castrismo que terminarían venerando a sus verdugos de verde oliva.

No es para nada patético. Es perverso.

En el caso del genial Jorge Luis Cortés, más allá del escarnio con que la burocracia oficial trataba sus letras, mejor quisiera evocar cómo al inicio de los noventa, en pleno Período Especial en Tiempos de Paz, cuando el hambre y la enfermedad diezmaban a mansalva al pueblo cubano, El Tosco comenzó a patrocinar generosamente en dólares a varios Círculos Infantiles de la capital, para que al menos los niños habaneros no sufrieran la avitaminosis y la anemia que arrasó con medio país durante aquellos años de crisis provocada artificialmente y de terror abiertamente reivindicado por los hermanos Fidel y Raúl Castro y demás familiares con grados.

Cortés, pero cobarde, el futuro flautista de la piedra muerta de nuestro inmortal Comandante en Jefe, aceptó ser coaccionado por la Seguridad del Estado, que lo obligó a no donar directamente ni un centavo más para los Círculos Infantiles que él patrocinaba, en aquellos barrios pobrísimos donde ya se le empezaba a tratar y, lo más peligroso, llamar, como un candidato para Alcalde. El resultado fue que El Tosco tuvo que mandar sus dólares al Ministerio de Educación. Y los niños negros de sus barrios barridos por la miseria se quedaron sin tomar sus diarios Cachitos y TuKolas, y nunca más digirieron los sándwiches de jamón y queso a nombre de José Luis Cortés.

De aquella humillación personal, El Tosco por fin obtiene hoy su tan apreciado Premio Nacional, dos décadas decadentes después. La consagración de su desprestigio en tanto artista y ciudadano cubano le llegó hace muy poco, cuando los ministerios de Cultura y del Interior le pusieron como condición para darle el Premio Nacional de Música ir a tararear su ahora flatulenta flauta ante el Cenicero en Jefe de Fidel Castro.

No es para nada perverso. Es patético. De hecho, cambiado por el emblemático ejército de ratas manipuladas por El Flautista de Hamelín, con El Tosco de La Habana, los cubanos hemos perdido el envase.

sábado, 13 de enero de 2018

OLPL con Juan Manuel Cao y Carlos Alberto Montaner




Gente linda del mundo:

Les comparto mi presentación del 12 de Enero 2018 en Altamira Libros (Coral Gables) en la presentación de mi libro DEL CLARÍN ESCUCHAD EL SILENCIO (Hypermedia Ediciones) junto al periodista Juan Manuel Cao:

Gracias a todos los que llenaron a tope la sala. Ciertamente, mucho más de cien. Se agotaron todos los libros y todavía me pidieron más. Y, lo que debería de haber durado sólo una hora, duró más de dos horas de emoción y de ilusiones por el renacer de una Cuba libre donde el castrismo no sea ni siquiera un recuerdo.

Al final, no asistió ninguno de los criticos de Orlando Luis Pardo Lazo en internet. Tanta bulla y tanto alarde digital y total, para qué?

Al final no son más que una pandillita virtual de voces que no podrían convocar ni a cuatro cubanos.

La democracia es real. Vamos a vivir sin dictadura. No pierdan nunca la esperanza.

viernes, 12 de enero de 2018

Hoy en Altamira Libros conmigo y contra Cuba


(SE PUBLICA EN PAPEL 
ESTE DOMINGO 14 DE ENERO 2018)

Orlando Luis Pardo presenta el libro de crónicas ‘Del clarín escuchad el silencio’ el viernes 12, 8 p.m. en Altamira Libros, en Coral Gables.
Orlando Luis Pardo presenta el libro de crónicas ‘Del clarín escuchad el silencio’ el viernes 12, 8 p.m. en Altamira Libros, en Coral Gables. Cortesía OLPL

Orlando Luis Pardo: ‘Cuba habrá que refundarla con los cubanos del exilio’

10 de enero de 2018 07:08 PM
Actualizado 11 horas 49 minutos

miércoles, 10 de enero de 2018

La nación secuestrada y la emigración desaparecida



Derechos sí, descaro no
Orlando Luis Pardo Lazo

Granma, el periódico oficial del Partido Comunista de Cuba (PCC), que es el único legal en la Isla de acuerdo a la constitución vigente, se da el lujo de publicar un monólogo teatral sobre la nación y su emigración. Es decir, sobre el país y sus paisanos desaparecidos.

Dicho monólogo parte del hecho de que en el recién estrenado 2018 “entraron en vigor un grupo de medidas que dan continuidad a la actualización de la política migratoria y el fortalecimiento de las relaciones de Cuba con su emigración”. Literalmente, en el neohabla orwelliano del castrismo clásico, esto significa que la emigración seguirá siendo básicamente eso: una emigración irreversible y no una parte funcional de nuestra nación. O sea, que se legitima en silencio la condición de los cubanos a un exilio sin patria a perpetuidad, pero ahora todo bien disimulado bajo el maquillaje de la normalidad.

Como es ya costumbre de los comunistas cubanos, nunca pueden tomar una sola decisión que no sea atribuida al imperialismo yanqui y el capitalismo global. En este caso, esta suerte de anexionismo inverso del PCC se manifiesta en que esta nueva política migratoria se implementará “a pesar de la agresividad de la administración estadounidense, el fortalecimiento del bloqueo y la puesta en práctica de acciones unilaterales que entorpecen el flujo natural de personas entre los dos países”. Una vez más, según la retórica retro de la Revolución, Cuba interpreta el rol de un David heroico que vence con golpes de dignidad a un Goliat del norte grosero y abusador.

Pero, en realidad, la gerontocracia déspota de La Habana sigue actuando con toda la arrogancia de lo que en la práctica es: una dinastía indecente que mantiene secuestrados los derechos de nuestra ciudadanía completa, incluidos los derechos a la libertad de movimiento y la libre elección de la nacionalidad, que es de lo que ―demagogias de verde olivo aparte― en plata se trata aquí.

Para colmo, el pasaporte cubano, acaso el más caro del mundo, sigue necesitando ser prorrogado cada dos, a pesar de que su validez es de seis años desde la fecha de su emisión. Más de los gastos adicionales en moneda dura, dado que “las nuevas regulaciones no incluyan la eliminación ni la transformación de esos requisitos” de prorrogación, los cubanos seguimos atados entonces a la cadenita perruna de la buena conducta en el exterior, sin cometer actos ni comentar nada que resulte ofensivo para los jerarcas calvinistas del Ministerio del Interior, si es que queremos entrar y salir de nuestro propio país sin que un burócrata nos desaparezca, al no prorrogarnos más arbitrariamente a nuestro pasaporte nacional.

Como plusvalía, el requisito de la humillante habilitación del pasaporte se mantiene en plena y penosa vigencia para aquellos cubanos que cuenten con un Permiso de Residencia en el Exterior (PRE), de manera que nadie se pueda sentir nunca confiado de que, en el momento menos pensado, el Estado cubano nos convierta en apátridas a perpetuidad.

A esto es sin duda a lo que el periódico Granma llama graciosamente “autorizar de forma gradual y una vez creadas las condiciones”. A este cuentagotas criminal es a lo que nos tienen acostumbrados, en lugar de garantizar de una vez y por todas los derechos plenos de todos los ciudadanos, vivamos donde decidamos vivir cada uno de los cubanos. A este miedo del Estado Revolucionario a respetar la libertad del pueblo cubano tendrán que adaptarse nuestros hijos y nietos. A esta indigencia indignante seguimos sometidos los que tuvimos el privilegio perverso de nacer en la Utopía de la izquierda internacional, tan aplaudida por las diplomacias y las academias cómplices del Primer Mundo democrático. A esta mendicidad incivil es la que nos oponemos todos los cubanos de la iniciativa ciudadana Cuba Decide (http://cubadecide.org) liderada por Rosa María Payá, los que reclamamos un plebiscito en Cuba como momento refundacional de nuestra nación, lo que necesariamente incluirá un desmontaje radical de la obsoleta y opresiva constitución cubana actual.

El momento de los cubanos es ahora. El Estado no tiene otro rol que garantizar todas y cada una de nuestras libertades fundamentales. Basta de concesiones oportunistas y cambios fraudes para comprar tiempo mientras muere la élite uniformada de la Castrocracia, y esta va siendo remplazada por los Ramfis ridículos de un neocastrismo familioso de guayabera blanca. Los cubanos no somos menos seres humanos que el resto de los seres humanos. Si tú decides, Cuba decide. El 2018 es nuestro momento para, por fin, tarde pero sin tembleque, empezar a vivir una vida en la verdad.

Viernes 12 a las 8pm con OLPL en Altamira Libros de Coral Gables

LITERATURA

Orlando Luis Pardo presenta 'Del clarín escuchad el silencio' en Miami


Orlando Luis Pardo. (INSTAGRAM)
La librería Altamira Libros, de Coral Gables, acogerá la presentación del libro Del clarín escuchad el silencio: 59 poemas de amor y una canción contrarrevolucionaria, del escritor cubano Orlando Luis Pardo Lazo, publicado por la editorial Hypermedia
El acto tendrá lugar este 12 de enero y será presentado por el periodista Juan Manuel Cao.
"Un latigazo de lenguaje en clave postcubana de lucidez. Un libro libre, como el himno de un pueblo mudo que ha sido desterrado, excepto de la literatura cubana: ese mito de letras, esa meta sin límites, ese exilio interior que va con cada cubano a donde quiera que plantemos la bandera aburrida de nuestro nuevo hogar", señala la nota de la presentación.
"Una reescritura excelsa, acaso también esquizoide, que respeta y ridiculiza tanto a nuestra idiosincrasia de isla como a la ideología que nos impuso la tiranía más tierna del continente: ese castrismo del corazón tan amado por la izquierda internacional y la academia primermundista", indica.
"Debido a que el escritor es también un biólogo, su contrarrevolución pretende afectar la gramática del ADN, la estructura semántica. El acrónimo deviene organización para la liberación de una Palestina interior: OLPL es el Malleus Castrorum, el antídoto del Castro que llevamos adentro", sugiere el escritor Néstor Díaz de Villegas en las palabras de contraportada de este volumen, que contiene "sesenta crónicas sobre la realidad cubana de hoy".
"Por el libro de OLPL desfilan muchos muertos. Pero sobre todo, desfilan los muertos de hambre en los que todos —sin excepción— hemos ido convirtiéndonos. Y esa imagen desoladora hace que el libro sea muy difícil de abandonar", indica, por su parte, el escritor Ladislao Aguado, codirector de Hypermedia.
Orlando Luis Pardo Lazo (La Habana, 1971) publicó en Cuba los libros de cuentos Collage Karaoke(2001), Empezar de cero (2001), Ipatrías (2005) y Mi nombre es William Saroyan (2006). Fue ganador del concurso nacional de cuentos "La Gaceta de Cuba" (2005), con "Cuban American Beauty". Su libro de cuentos Boring Home, ganador de una Mención en el Premio UNEAC 2007, fue retirado de la imprenta por la editorial Letras Cubanas en 2008, como penalización a su escritura contestataria en su blog Lunes de Post-Revolución.
En 2014 editó y prologó las antologías de nueva narrativa cubana Generation Zero. An Anthology of New Cuban Fiction (Sampsonia Way Magazine, Pittsburgh) y Cuba In Splinters (O/R Books, Nueva York), ambas traducidas al inglés.
Desde 2013 imparte conferencias sobre política y literatura cubanas en universidades norteamericanas y europeas. Fue Profesor Adjunto de Escritura Creativa en Brown University (2015). Becario de 2015 a 2016 en The International Cities of Refuge Network (ICORN) en Reykjavík, Islandia. Desde 2016 realiza un doctorado en Literatura Comparada en Washington University de Saint Louis, Missouri, Estados Unidos.
El eveto tendrá lugar este viernes 12 de enero, a las 8:00 pm, en Altamira Libros (219 Miracle Mile, 786-534-8433), Coral Gables, Miami. El libro también puede adquirirse en Amazon. El autor trasmitirá la presentación en vivo a través de Facebook.
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COMENTARIOS [ 15 ]


Imagen de Orlando Luis Pardo Lazo
Si estás en Miami, por favor ven este viernes 8 p.m. a Altamira Libros.Te necesito. Ya he recibido amenazas. No me dejes solo. No nos quedemos solos. No le dejemos Miami a la mafia de La Habana.Orlando Luis Pardo Lazo. 

sábado, 6 de enero de 2018

Landy este viernes 12 a las 8 PM en Altamira Libros de Coral Gables


Del clarín escuchad no más el sonido, sino el silencio….


Un latigazo de lenguaje en clave post-cubana de lucidez. Un libro libre, como el himno de un pueblo mudo que ha sido desterrado, excepto de la literatura cubana: ese mito de letras, esa meta sin límites, ese exilio interior que va con cada cubano a donde quiera que plantemos la bandera aburrida de nuestro nuevo hogar.


Una reescritura excelsa, acaso también esquizoide, que respeta y ridiculiza tanto a nuestra idiosincrasia de isla como a la ideología que nos impuso la tiranía más tierna del continente: ese castrismo del corazón tan amado por la izquierda internacional y la academia primermundista.

Orlando Luis Pardo Lazo: un autor al borde del autismo y del auto de fe, una voz volátil hecha a golpe de provocaciones políticas y de muy muy muy mala intención, a quien los poderes tan despóticos como pacatos de nuestra nación han intentado acallar, así en La Habana como en Miami.

Ven a leer y desleír el libro “Del clarín escuchad el silencio” (Ediciones Hypermedia) de Orlando Luis Pardo Lazo, en su primera y única presentación en La Florida, este viernes 12 de Enero de 2018 a las 8PM, en la librería Altamira Libros de Coral Gables (219 Miracle Mile, 786-534-8433).

Gracias!

viernes, 5 de enero de 2018

Goza pelota que tu marido está preso

Cada vez que viajamos a Cuba por amor a nuestra familia, estamos haciendo a nuestra familia un poco más esclava y nos estamos haciendo a nosotros mismos un poco más cómplices de la esclavitud de otras familias cubanas.

Cada vez que viajamos a Cuba nos hacemos parte del problema y no de la solución, nos hacemos verdugos y agentes de la tiranía cubana, a la vez que borramos el horror de todo un pueblo que vivió y murió con sus respectivas familias desbaratadas por ese mismo Ministerio del Interior con el cual hoy tú viajas.

La única manera de viajar a Cuba sería para trabajar a cara descubierta o de manera clandestina por la liberación del individuo y el fin del castrismo. Pero eso tú no lo haces cuando viajas a Cuba. Pero eso tú no lo haces precisamente porque viajas a Cuba.

miércoles, 3 de enero de 2018

Veneshit

36. Mierda en Venecia
Orlando Luis Pardo Lazo




El poeta cubano Ricardo Pau-Llosa me dijo, por teléfono:

―¿Te das cuenta? ¡Hemos perdido Venecia!

El poeta cubano era, ante todo, un poeta cubano.

―Con la destrucción de La Habana por el castrismo, los cubanos hemos perdido no La Habana, sino Venecia. ¡Venecia! ―repetía, contento por su cortocircuito geográfico.

Lo más alto con lo más bajo. Puro Hermes Trismegisto.

Hermetismo de Hialeah versus ocultismo de Coral Gables. Por eso me encanta tanto Miami.

Yo también estaba contento de oír a Ricardo hablarme. Happy de dejar que Pau-Llosa se explayara en mi móvil, con toda su erudita cumbancha, sobre la debacle de la Revolución cubana.

Cambalache con escache.

Qué le vamos a hacer. Los poetas cubanos han hecho lo mejor que han podido con la mala materia prima que es la poesía nacional.

Además, Ricardo Pau-Llosa habitaba una imagen medio mítica, una ciudad canónica de la imaginación, coagulada en el corazón civil de toda aquella grandiosidad republicana que nos contaban mamá y papá, por embullo o inercial de la nostalgia poscolonial de nuestros queridos grandma and grandpa: la última generación de abuelos cubanos.

Porque nadie lo dude, ya los cubanos nunca más tendremos familia. Ni hogar. Y, en consecuencia, no habrá nietos ni abuelos que les cuenten de un pasado primoroso antes de la llegada de Fidel.

La República está terminada. Ahora sí. La Revolución puede caerse o durar para siempre. Pero de la República, acaso esa entelequia que Ricardo Pau-Llosa llama Venecia, ay, de la República no nos quedará ni las momias ahumadas de una Pompeya.

Los periódicos, las barberías, los bodegones de chinitos tramposos y gallegos tacaños.

El idilio, caballeros, qué cosa tan grande habíamos vivido: el idilio como salvación.

La pobreza como tótem irradiante de la pureza espiritual.

Pobres, pero honrados.

Sin pobreza, no hay memoria nacional. Todos teníamos que tener un pobre en la familia antes de poder gritar a los cuatro vientos nuestra condición: cubanos.

Qué cubanos de qué.

¡Cubanos de Venecia mejor, qué carajo!

Sin complejos de ningún tipo. Ni sensación de ridiculez ni nada por el estilo.
Todo un pueblo a la espera de su ascensión espiritual a mediados del siglo XIX, el único de nuestra historia, por cierto. Una nación en su salsa. La nutria en su elemento nutricio. El terruño como crisol de razas y revolucionarios. La masa como levadura primero y como peladura después.

Tomadura de pelo. Tomadura de país.

Así sea.

Por eso los cubanos estaban tan ansiosos de parir una Revolución real. No porque hiciera falta, sino precisamente por innecesaria. La Revolución como lujo burgués. Como peo tirado más alto que el culo. Como exceso de potens, de plusvalía, de mil novecientos cincuentinuevidad.

La literatura entendida como un cuéntame-tu-vida. Interrogatorio de donde salen inculpados tanto el que escribe como el que lee lo escrito. Edipo Rev.

Vamos a dejarlo aquí.

Tampoco es para tanto. 

No por gusto otro poeta cubano definió a la poesía cubana como, apriétense un poquitico más que aquí voy: un “caracol nocturno en un rectángulo de agua”.

Poesía perversa lo suficiente como para ser capaz de ir por ahí “actuando en la historia”. Poemas perversos lo suficiente como para hacerle resistencia al tiempo y toda esa barahúnda de los orígenes y un destino común: teleología fascista del pí al pá.

Poetas tan perversos que se prestaron para fungir como guardianes voluntarios “de la semilla, de la posibilidad, del potens”. Ni siquiera tuvieron cojones de cobrar un salario por su colaboración estatal a la hora de erigir el monolito de una tradición nacional.

Hay que cuidar a lo cubano en la poesía como quien cuida a un “germen”. Qué asco. Como quien le inyecta su rico antibiótico en las nalgas al santo patrón de una Venecia venérea.

Cuba de cabotaje en Europa.

Cuba inundada por la imitación de sus esencias venecianas, pero de agüita albañal.

País puaf.

Pero la Revolución de 1959 parece que no les salió muy bien a nuestros compatriotas. Pero la Revolución de 1959 parece que se incubó de cabeza, de culo cortado por el tris-tras de las navajas bajo habaneras. Pero la Revolución de 1959 parece que se enquistó con ese resentimiento propio de las sociedades libres, con ese odio al capitalismo que emana misteriosamente del capital, con esa fobia a la democracia que es la tara de género de todos y cada uno de los sistemas democráticos, desde Atenas hasta la White House.

―¡Venecia, Venecia! ―repetía triunfal el poeta de las metáforas contenidas en inglés.

La culpa de toda nuestra desidia y a la par grandilocuencia la tiene, para empezar, el idioma español. Ese adefesio.

Cheo y abstracto. Maquillaje de máscaras musicales. Rimbombante y reiterativo para conseguir su función básica: no decir nada.

Ni siquiera nos es posible decir: “decir nada”. El español necesita con insistencia ninfómana decir: “no decir nada”. Qué barbaridad.

Por eso los angloparlantes nos miran con un toque de morbo y con toneladas de piedad.

Por eso mi amigo Ricardo Pau-Llosa ha elegido no inmiscuirse con los versos en español. Sus renglones cortos son exclusivamente en inglés. La lengua oficial de Donald J. Trump.

Y me encantan. He traducido algunos de sus poemas a la patada. Valga la anfibología, pero a la patada es por mi traducción.

Me pasa que, al leer a Pau-Llosa en inglés, puedo imaginarme instantáneamente sus arranques como debieran sonar en cubano. Esa simbiosis entre extranjeros me resulta conmovedora, no sé bien por qué.
Leo a Pau-Llosa en inglés y me vienen a la cabeza sus mismos versos, pero llenos de malas palabras y del argot más violento de su Venecia extraviada en una esquina de La Habana Vieja.

De su alta poesía de pathos cubanoamericano bajo vigilancia, yo saco versitos vulgares saturados de slang socialista altamente sexualizado.

Lo siento. Soy así. Qué le voy a hacer. A ser de otra manera tengo que aprender. Y la gente que me quiere me sabe entender. Con rima y todo. Al estilo de Orlando Luis Gardey.

Carajos, coños, y demás delicadezas de calle. Dichos y dicharachos. Vileza verbal a pulso. Lugares comunes de nuestra ilustre ignorancia, giros inconcebibles por ningún poeta cubano: muletillas maravillosas que sobrevivieron a la República, a la Revolución, y con suerte sobrevivirán también al Exilio.

La Nefanda Trinidad del alma cubana.

Aunque al exilio cubano en realidad sobrevive cualquiera. Porque el exilio cubano en la práctica poética apenas existió. Pero esto último, está de más decirlo, mejor me lo callo. Porque hay cosas que para decirlas es mejor callarlas.

Ricardo Pau-Llosa, por lo demás, en mi impresentable opinión es un genio. Lleva como, no sé, ciento cincuenta y tantos anhos fuera de Cuba, y precisamente por eso él puede seguir siendo aquel mismo muchachón de La Habana.

Aquel mismo muchachón que no consigo volver a ser yo.

―¡Venecia, Venecia! ―me repetía, tristón y eufórico, el poeta de los tabacos espectaculares fumados en la soledad inescrupulosa de Miami.

El exilio es eso, una soledad prestada, prostética, precaria.

―¡Los cubanos nunca sabremos la magnitud magnífica de lo que hubiera sido La Habana!

Venecia, Venecia, Venecia. Pensaba yo.

Mientras me iba quedando aletargado de este lado de nuestra conversación inalámbrica.

Venecia.

Venecia.

Venecia.

Pensaba yo.

Mientras me representaba el tedio de los tiempos soportado por Ricardo Pau-Llosa en ese paraje de emprendedores y academicistas que pululaban al otro lado de nuestra conversación inalámbrica.

Muerte en Venecia.

Mentira en Venecia.

Mierda en Venecia.

Venecia con halitosis. Venecia con todas las muelas cariadas, hechas talco por las bacterias de una victoria bursátil.

Venecia de verde olivo.

Venecia, vid de veneno.

Venecia, belleza vil.

Como un oblongo ataúd flotante.

Como un mojón memorioso trabado totalitariamente en las gargantas groseras del pueblo cubano.

―Ay, Ricardo, viejo ―le digo, aunque por su stamina telefónica él sea como tres siglos más joven que yo―: no jodas tanto.

Y reímos. Los dos reímos, como compinches de una infancia abortada por el opus magnum de la Revolución.

No somos un par de comemierdas. Los dos sabemos que contra la molicie materialista y el huracán caníbal del castrismo los poetas no significamos ni pinga pasada por agua tibia.

Nuestra mediocridad creativa no es más que un pálido reflejo ante el impulso despingador de una Revolución hecha de poetas, por los poetas y para los poetas.

Reímos a veces incluso a carcajadas. Como dos locos de pase fuera del manicomio.

Coqueta, cómicamente.

Dos cabroncitos cubanos sin contemporáneos, dándonos mutuamente el pésame gracias a la ubicuidad no menos poética de la AT&T.

Mariquitas a punto del llanto.

Más mujeres que nuestro delicioso desfile de mujeres esperanza, mujeres milagro, mujeres habanavenecia y veneciahabana. Todas y cada una de ellas entre un diagnóstico de cáncer y el pronóstico de una cubanidad metastática.

Cuelgo.

Colgamos.

Dan ganas de colgarse.

Por el cuello. Por los cojones.

There is no enough exile.

And the balance is always against.

Lecciones lánguidas sobre cómo regresar a casa cagados de frío en pleno verano veneciano.

A la caza desesperada de un bonsái donde ahorcarnos en el hogar, así sea un hogar de mentiritas.


Lecciones lujuriosas del potens impotente del que la poesía cubana no aprende, cuando yo y Ricardo Pau-Llosa, en este orden antigramatical, uno y otro tornamos a turn home chilled by gusts in the dead of summer.